No soy músico y lo estoy olvidando todo
Esta es la historia detrás de este pequeño proyecto sonoro. Puedes escucharlo en Spotify aqui:
Niño Perdido en Spotify
(De antemano me disculpo por mi redacción, esto lo escribí a mitad de la madrugada y me estaba muriendo de sueño)
Siempre me ha interesado la música y el sonido, casi me gustan con tanta intensidad como lo hacen las fotografías y el video.
Desde muy pequeño tuve acceso a una cámara digital con la que me la pasaba tomándole fotos y videos a cualquier cosa que llamara mi atención, pero nunca tuve ningún aparato dedicado específicamente a grabar sonido.
De niño recuerdo alguna vez haber visto en la televisión un comercial de cerveza donde hablaba un joven acerca de grabar los sonidos de México, llevaba consigo un palo con un micrófono en la punta, audífonos y un aparato colgado en su cinturón, ese día yo me dije a mi mismo “quiero ser fotógrafo de sonidos”.
Años más tarde, en una
ocasión cuando iba llegando a casa después de un largo día en la vocacional
decidí acostarme en silencio en mi cuarto, cerré los ojos y me concentré en los
sonidos que entraban por mi ventana. Era fácil “ver” los ruidos de afuera; los
pájaros en el alambre nerviosamente esculcando sus alrededores, las ruedas de
los coches golpeando las coladeras del estacionamiento del edificio vecino, el
mundano golpeteo de la vida cotidiana en los otros departamentos, así me la
pasé un buen rato, imaginando los eventos descritos por los ruidos de lejos,
hasta que entra repentinamente el sonido de una trompeta interpretando “Bésame
Mucho”. ¡Eso era mucho más interesante de intentar darle imagen! Inmediatamente
mi imaginación comenzó a volar: ¿quién era el o la trompetista? ¿cómo se ve?
¿desde dónde está tocando, a quién le está tocando? Seguramente iba caminando
por la calle tocando a las puertas pidiendo una moneda, o quizá vive en un
edificio cercano y se puso a tocar junto a su ventana, o quizá le está jugando
al violinista en el tejado…
Por alguna razón el evento me pareció
extraordinario, así que tomé mi viejo Nokia N8, abrí la aplicación de la grabadora
y lo coloqué en el borde de la ventana para capturar tan curioso momento.
Tenía la sensación de que ya había escuchado a este misterioso trompetista,
pero no estaba seguro, quizá antes lo conocí con otra canción. Terminó la pieza
y todo regresó al ruido habitual, no pude ponerle cara al trompetista, en mi
cabeza se quedaría como un misterio juguetón.
Muchos años más tarde, ya estaba estudiando cine, igualmente iba regresando a casa, esta vez ya era de noche, caminaba en las tranquilas calles de la colonia Industrial y a lo lejos alcanzo a escuchar esa trompeta familiar interpretando “Bésame Mucho”, calculé que estaría a dos cuadras de distancia ¡al fin conocería al personaje misterioso al que no le pude dar rostro hace muchos años! Saqué mi teléfono y grabé únicamente el sonido conforme me fui acercando, ahí estaba: un hombre con mirada desgastada, aparentaba estar al final de sus setenta años de edad, pasos lentos, dedos gruesos y manos tiesas, morena piel cansada, roto sombrero de mimbre, mezclilla sucia, camisa de tono rojo deslavado. No quise molestarlo con video o fotografía, así que solo seguí caminando en la banqueta contraria en la dirección opuesta. No terminó de tocar toda la canción.
No he vuelto a escucharlo.
De vez en cuando regreso a los sonidos que le grabé, junté la grabación de 2013 y la de 2019 en un mismo audio que se puede escuchar aquí:
Estas dos grabaciones me
hicieron obsesionarme con el sonido de campo, antes ya había hecho sonido
directo en algunos cortometrajes, pero esto era diferente, estos sonidos son un
documento de los pasos de una persona con la que me crucé en la vida, son una
clase de memoria con los ojos cerrados.
Poco tiempo después llega la pandemia y en el encierro aprovecho el tiempo para explorar los rincones olvidados de mi casa, doy con un lote entero de casetes de VHS y de sonido, así que me dedico a digitalizarlos para poder regresar a épocas que mi mente ya no recuerda con claridad.
Encontré muchos sonidos que me llevaron de vuelta a lugares extrañamente familiares, escuché voces que podía reconocer, sonidos de lugares que pensé que solo eran producto de mi imaginación, objetos y juguetes que los años ya habían borrado, recordé llantos, recordé miedos, recordé risas, recordé mucho amor.
Decidí que este proyecto, originalmente llamado “Ruidos Amateur”, tratará de mis memorias, o mejor dicho, tratará de las sensaciones que recuerdo al ser evocadas por ciertos sonidos.
La primera pista “Video” es básicamente un intento fallido de restauración de un casete de VHS el cual sospecho contiene grabaciones de un viaje a Puerto Vallarta en 1999, cuando apenas tenía un año de vida. El sonido del mar siempre lo he tenido quemado en las partes más profundas de mi mente, como si vivir solo hubiera sido un despertar de un eterno sueño en el mar. Creo que si pudiera extraer el ruido de los recuerdos más primitivos de mi cabeza se escucharía algo muy parecido a esto.
Con la pista de “Hermanos” hago la primera intervención sonora, tomé grabaciones de mi llanto de bebé mientras mi padre me intenta consolar, me gustó mezclar una melodía que muy probablemente tocaba con uno de tantos juguetitos electrónicos que llegué a tener cuando era un niño muy pequeño. Quizá no recuerdo mis propios llantos, pero claramente puedo recordar los llantos de mi hermano, a quien conozco desde su primer día de vida. Este es el inocente sonido de la niñez en mi hogar.
Le hice una portadita a Niño Perdido experimentando con técnicas de manipulación de imagen poco convencionales.
Damos un oscuro giro con la pista titular “Niño Perdido”, hasta ahora mi favorita, este es el sonido de mis primeros miedos. Cuando era niño mi papá nos solía pasear en el Centro Histórico de la Ciudad de México, comíamos o comprábamos baratijas o simplemente dábamos vueltas por lugares qué él nos quería enseñar él habiendo vivido su infancia en esas calles. Yo siempre he disfrutado del centro, sin embargo, ahí conocí uno de mis primeros miedos: perderme.
Eje Central es un lugar gigantesco para un niño, uno que no está acostumbrado a ver edificios tan altos, o a ver tanta multitud y confusión, con tanto ruido, con un suelo irregular, se siente que hay peligro en todos lados. “No te sueltes de mi mano” era una frase constantemente repetida para recordarme que allá afuera existen horrores que aún no comprendía, sentir que mi mano en lo más mínimo se despegaba de la mano de mis padres me provocaba pánico, no quería ser un niño perdido, no quería que me robaran. Dentro de esta abrumante cacofonía destacaban los sonidos titánicos de las campanas de las iglesias y los relojes que permean tantas cuadras del centro, cada hora esos gigantes llamaban quien sabe de dónde. El centro es un lugar enorme para un niño, da vértigo, es como si pudiera caerme hacía arriba, hacia el cielo. Al día de hoy no puedo estar en eje central sin sentir cierta vibra ominosa. Encima de todo esto años después me enteré que a Eje Central se le conocía como la Calle del Niño Perdido.
En cuestión de sonido, esta es la primera pista en la que toqué un instrumento de verdad, solo que las grabaciones de estos instrumentos son muy viejas, de más o menos 2010 a 2012. El sonido del drone no es más que algunas notas que grabé un día que estaba jugueteando (a escondidas) con la guitarra acústica de mi hermano. Las campanadas y los sonidos de campo provienen de unos sonidos que grabé en una visita al campanario de la catedral metropolitana, igual con mi padre. Todo lo demás es pura magia de producción en Audacity, porque hasta ese momento no me había tomado tan en serio este asunto de hacer ruidos y no conocía ni me interesaba usar otro DAW. Aquí ya comencé a meter ideas que había escuchado por ahí, tipo Aphex Twin, Brian Eno, DJ Shadow y cositas que de repente hace Johnny Greenwood.
Estas tres primeras pistas salieron en cuestión de unas semanas en medio de la pandemia, digamos mediados de 2020. Las consideraba un simple juego y nunca tuve la intención de mostrarlas nunca, porque yo sé que sólo son ruidos, ruidos de comodidad para mi retorcido oído, por favor, si existe el ASMR creo que mis ruidos tienen lugar en el mundo.
A mediados de 2021 por azares de la vida mi amigo Monlíre Sejer me da acceso a una estimulante cantidad de instrumentos musicales que me da muchas ideas nuevas para hacer ruidos. Comencé a explorar otras formas de sonorizar, en particular me ayudaron mucho un software llamado PureData y Ableton Live, y una aplicación de sintetizador para Nintendo 3DS llamada Korg DSN-12, ahora si comencé a usar instrumentos de verdad.
Aqui las portadas ya no tienen nada que ver con la pista jeje
“Delirios Sputnik 1 (Ya no tengo miedo)” es la primera pista grabada y producida completamente con sonidos nuevos y con equipo de calidad “decente”, conseguí campanitas y rompí un xilófono de juguete para conseguir el sonido. Desafortunadamente ya no puedo contar con detalle la historia detrás de esta pista, pero involucra una memoria en su momento bella y fresca; aquél día que pensé que ya era libre de mis más íntimos miedos, el instante de tiempo específico que me hizo creer que al fin tenía algo sagrado en mi vida, un nuevo recuerdo que ya se sentía eterno. El nombre se iba a quedar como “Ya no tengo miedo” pero al final pensé que la pista no quedó lo suficientemente bien para ser mostrada, así que le cambié el nombre a “Delirios Sputnik 1” porque terminé de mezclarla la noche que me estaba muriendo de fiebre cuando me pusieron la primera vacuna contra el COVID-19. Aunque después me encariñé con la pista, en particular la última campanilla me hacía sentir que sí valía la pena ser escuchada, pero al mismo tiempo el nombre me hace mucha gracia, así que lo dejé en “Delirios Sputnik 1 (Ya no tengo miedo)”.
“Delirios Sputnik 2” es un pequeño tributo al cine, al sonido masivo que se escuchaba al entrar a un espectáculo de luz y sonido, al ruido que se mezclaba de todas las películas que se lograban escapar de sus respectivas salas mientras esperábamos a la entrada de nuestra función, otra vez, tratando de imaginar las escenas que se veían con solo oír vagamente cuerdas, golpes, diálogos y música. Es una pista completamente hecha con un violín ya muy desgastado. Igual se llama asi porque esta la terminé de mezclar la noche de fiebre de mi segunda dosis de la vacuna.
Estas pistas las fui mostrando poco a poco en mis redes sociales, tímidamente las usaba como acompañamiento de algún visual que se me había ocurrido, y pues para hacerlas mas interesantes me gustaba acompañarlos con sonidos. No esperaba recibir los comentarios positivos que me llegaron después de mostrar estas imágenes con sonido, luego las subí independientemente a YouTube y a Soundcloud y comenzaron a tener una respuesta que me sorprendió. Muchas gracias a todos lo que me alentaron a continuar con mis ruidos raros y mostrarlos al mundo.
De aqui salieron muchos ruidos residuales y experimentos raros que hice en la pandemia, no los subí a plataformas, esos sí pienso que son ruidos sin ton ni son ¡pero aún asi los pueden escuchar en la "version ultradeluxe" de Niño Perdido en YouTube! ¡Mira, convertí el ADN del COVID-19 en sonido e imagen! ¡Wow vaya que tenía mucho tiempo libre en pandemia!
Niño Perdido (Edición Ultradeluxe)
Quería mantener el nombre de "Ruidos Amateur" porque es un título real y preciso, al final estos son ruidos hechos por un amateur, pero algunas cosas raras estaban pasando en mi vida cuando comenzaba a hacerme la idea de publicar estos sonidos y "Niño Perdido" me pareció un título todavía más acertado pues porque lo sigo siendo.
Esta era la portada original, si pudiera hacer un release físico la pondría como portada alternativa.
"Niño Perdido" es un proyecto importante para mí, no tengo ambiciones de músico, solo me gusta hacer ruidos por diversión, y quise aprovechar esa diversión para hablar un rato de mis memorias que poco a poco se van desvaneciendo, yo espero que con esto pueda recuperar un poquito de mi capacidad de recordar como antes lo hacía, siento que ahora voy a ninguna parte sin saber de dónde vengo, como un niño perdido en medio de un mundo que no se detiene.
########### ACTUALIZACIÓN ##########
Ayer 15 de febrero iba caminando por la Narvarte mientras escribía en mi teléfono cosas del perfil de Spotify, de repente escucho a lo lejos un saxofonista tocando Bésame Mucho, me acerqué y vi algo completamente contrario al señor de la trompeta; este saxofonista era joven y enérgico todo funk y rebelde. Me parece que aqui se cierra el círculo. Lo grabé y aqui está:





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